A. 300 cotidianidades relatadas en 13 instantes
B. ¿De quién es la voz en la exposición?
C. Consideraciones narrativas
b. ¿De quién es la voz en la exposición?

«Cuidado con poner fotos de otra gente o de otros lados; si van a hacer [la exposición] para mostrar nuestro trabajo, queremos que vayan fotos de nuestras caras»

La exposición Trayectos invisibles resulta del trabajo articulado desde la academia con distintos actores: los recicladores de base registrados en Cuenca y sus 11 asociaciones, la Red Nacional de Recicladoras del Ecuador - filial Sur (RENAREC SUR), la Mesa Cantonal de Reciclaje Inclusivo del Cantón Cuenca, la Empresa Pública Municipal de Aseo de Cuenca (EMAC EP), Fundación Alianza para el Desarrollo, entre otros. Se basó en datos contextualizados e información obtenida de primera mano a lo largo del trabajo de campo desde los diferentes frentes de investigación.
Las recicladoras de base fueron protagonistas en todo el proceso de desarrollo y consolidación de la exposición. Desde las primeras etapas, se compartió con ellas el bosquejo inicial de la propuesta de exposición a fin de conocer sus apreciaciones y puntos de vista. Esta dinámica se mantuvo hasta poco antes de la inauguración, cuando la directiva de las asociaciones fue invitada a una visita a puerta cerrada, para una revisión final de cómo se montaron los contenidos y para validar que la exposición representaba con fidelidad su labor. Con su visto bueno y algún ajuste menor, se abrió la exposición al público.
En el proceso surgieron varias consideraciones de representación que difirieron entre la academia y las recicladoras. Desde la universidad, por ejemplo, se propuso evitar la exposición pública de cualquier dato, imagen o fotografía que pudiera difundir la identidad de las recicladoras de base. Ellas, en cambio, reclamaron: «Cuidado con poner fotos de otra gente o de otros lados; si van a hacer [la exposición] para mostrar nuestro trabajo, queremos que vayan fotos de nuestras caras». Adoptando este criterio y con su consentimiento informado, se realizó una serie de fotografías específicamente para la exposición, en las sedes de cada asociación. Se visibilizó así el rol de las recicladoras de base y las empoderó frente a la propuesta expositiva, al tiempo que permitió que muchos visitantes reconocieran en esas imágenes a quienes cotidianamente se encargan del reciclaje en sus barrios.
Otro aspecto fundamental fue el cuidado permanente en la terminología usada en la exposición. Las recicladoras de base, por ejemplo, no consideran que trabajen “de la basura”, porque no recolectan cualquier desecho y porque ese término tiene una connotación negativa y estigmatizante; sino con “materiales”, porque su búsqueda es por objetos específicos con la potencialidad de ser comercializados posteriormente.
Igualmente, al explorar ideas para la exposición, se acordó evitar la folclorización del trabajo de las recicladoras. Más que una visión romántica o estereotipada, se quería mostrar con claridad quiénes realizan el reciclaje de base en Cuenca, cómo lo hacen, y qué papel juega la ciudadanía en este proceso. El objetivo fue evidenciar sus condiciones, decisiones, riesgos, beneficios y logros colectivos.
Por respeto a su tiempo y a su proceso, se decidió no imponer intervenciones artísticas (audiovisuales, textos, tejidos o poesía), que pudieran incomodarlas o forzarlas a una expresión creativa que no les resultara natural. Además, se evitó cualquier creación que pudiera ser interpretada más como un llamado a la conmiseración, que como una representación auténtica de su trabajo y su impacto en la ciudad.