CONTEXTO

/ TRAYECTOS INVISIBLES: ¿De dónde viene la propuesta?

A. PRESENTACIÓN

B. EL RECICLAJE DE BASE EN LAS CIUDADES ESTUDIADAS

C. TRES PRINCIPIOS AL TRABAJAR CON GRUPOS VULNERABLES

D. La experimentación como filosofía

c. Tres principios al trabajar con grupos vulnerables

El objetivo del proyecto fue mejorar, desde estrategias transformadoras de género y mediante un proceso de investigación colaborativa, las condiciones de bienestar en el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres recicladoras de base en tres ciudades.

El proyecto "RUMBOS: El trabajo y la salud de las mujeres recicladoras en el contexto del COVID-19 en Ecuador", desarrollado por el Departamento Interdisciplinario de Espacio y Población –DIEP– de la Universidad de Cuenca, fue una de las 22 propuestas ganadoras de la iniciativa Women RISE de IDRC de Canadá en 2022. Con una duración de 30 meses, su objetivo fue mejorar las condiciones de bienestar en el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres recicladoras de base en tres ciudades ubicadas en la Costa, Sierra y Amazonía ecuatoriana, a través de estrategias transformadoras de género y un proceso de investigación colaborativa.

A lo largo de este tiempo, el proyecto investigó, discutió, desarrolló pilotos y prototipos, y realizó intervenciones para explorar métodos, herramientas y prácticas, con el fin de incidir positivamente en las labores cotidianas y asociativas de las recicladoras de base. Las intervenciones se organizaron en cinco componentes: salud, políticas públicas, fortalecimiento organizacional, entornos urbanos y determinantes sociales.

Desde el inicio, se identificó que la mayoría de las personas que desempeñan estas labores en las áreas estudiadas se encontraban en los quintiles 1 y 2 (pobreza y extrema pobreza) (MIES, 2023)1. En este contexto, se redoblaron los esfuerzos para realizar una investigación ética que evitara el extractivismo académico y no incomodara a las participantes. Para ello, se respetaron tres principios fundamentales que guiaron la relación entre los actores del estudio: principo de construcción colaborativa, principio de dignidad y visibilización de la labor, y, principio de honestidad ante la producción de conocimiento.

Principio 1. Construcción colaborativa

“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

Proverbio africano

Subrayamos la importancia de integrar a diversos actores en todas las fases de la investigación para promover un cambio social y académico efectivo. Este enfoque colaborativo no solo busca generar conocimiento, sino también empoderar a las comunidades involucradas, reconociendo la relevancia de la participación activa y la co-creación en la transformación de realidades sociales.

El principio fundamental del proyecto fue el trabajo colaborativo, sustentado por la equivalencia (que se basa en la cooperación y no en la consulta) y la reciprocidad (buscando beneficio tanto para los actores como para la academia) (Utrecht University, 2024).Para ello, nos adherimos a la Investigación Acción Participativa (IAP), planteando un cronograma de trabajo que incluyó a los actores identificados en todas las etapas del proceso: investigación, socialización de resultados, co-creación, intervención y evaluación. Aunque los criterios y acciones iniciales fueron diseñados desde la academia, estos fueron compartidos con los actores para su discusión, retroalimentación y crítica. Se buscó, desde el principio, que tanto la investigación como las intervenciones planteadas tuvieran el mismo valor conceptual y práctico para las recicladoras de base y para las instituciones involucradas.

De este modo, los conceptos que enmarcaron la investigación, la metodología, los instrumentos de recolección, los pilotos, las intervenciones, los resultados e incluso los consentimientos de participación, fueron discutidos y modificados con las recicladoras y sus directivas. El eje central del proyecto fue el bienestar de las recicladoras, por lo que ellas tuvieron un rol activo y consultivo permanente como expertas en reciclaje, siendo además el rostro y la voz en las intervenciones públicas del proyecto.

La academia fue ubicada en segundo plano en este aspecto, actuando como activadora y canalizadora de procesos y conocimientos, en una posición equivalente y recíproca a la que ocupan las personas que realizan el reciclaje de base. Esta declaración fue explícita y constantemente reiterada, y tratamos de reflejarla en el discurso, las intervenciones y la producción académica generada.

En sintonía con otros grupos de investigación —como Clear LAB (2021)3—, abogamos por una investigación que priorice relaciones éticas, respetuosas con el conocimiento de las personas involucradas, promoviendo prácticas colectivas y reflexivas que permitan cuestionar las relaciones de desigualdad durante la producción académica.

Por esa razón, hemos determinado distintos niveles de responsabilidad y compromiso; en ese sentido, también se involucraron otros actores importantes con los que trabajamos, como la Empresa Pública Municipal de Aseo de Cuenca (EMAC EP), la Fundación Alianza para el Desarrollo, así como tomadores de decisiones técnicas y políticas. Con esta estructura se fomentó la retroalimentación y crítica basadas en los conocimientos, procesos y experiencias previas de los actores, que fueron vitales a la hora de plantear las propuestas.

Cabe destacar, como aprendizaje, que, si bien la investigación colaborativa requiere una estructura horizontal para los actores involucrados, también se necesita previamente una base de igualdad en las condiciones materiales e inmateriales que garantice su participación plena. Resulta complejo esperar una participación activa cuando las condiciones no lo permiten, sea por razones económicas, de tiempo, de movilidad, de manejo de tecnología, de discurso, de confianza personal o de los conocimientos y saberes.

Por otro lado, como reflexión sobre los retos del trabajo multi y transdisciplinario (Tress et al., 2005)4 en las universidades, debemos mencionar la coalición de cuatro grupos de investigación en el proyecto. Aunque ya habían tenido colaboraciones previas, se enfrentaron por primera vez a un esfuerzo conjunto de esta magnitud, lo que los situó frente a desafíos como: entender enfoques y maneras de hacer diferentes; apoyarse e integrar metodologías de distintas disciplinas; comprender la data y aportar a su construcción; conversar y discutir para retroalimentar y replantear constantemente el proyecto. En términos generales, fue un ejercicio enriquecedor, aunque en ocasiones representó dificultades que derivaron en acciones desarticuladas. Surgieron aprendizajes importantes en cuanto a mantener motivado el trabajo conjunto, el respeto por la acción individual, el manejo de la crítica como aporte, comprender la argumentación ajena y mantener dinámicas de deliberación grupales.

Por último, es importante señalar que la estructura administrativa debe responder de manera práctica a la compleja aplicación de los procesos participativos. Esto es especialmente relevante cuando se trabaja con personas en situación de vulnerabilidad que requieren una actuación diligente.

En el día a día del trabajo colaborativo, es urgente realizar pagos a los actores, tomar decisiones sobre logística y transporte, atender emergencias de salud durante el trabajo de campo y efectuar compras de todo tipo. Al final, estas acciones suman cantidades importantes que deben ser solventadas de manera inmediata y bajo la responsabilidad de los investigadores a cargo, pero entran en conflicto con los tiempos y procesos impuestos por la burocracia institucional.

Principio 2. Dignidad y visibilización de la labor

"El acto más político es hacer visible lo que ha sido negado".

Judith Butler

Toda investigación comprometida debe asumir la doble tarea de reconocer la dignidad de los sujetos sociales discriminados y contribuir a su legitimación pública. Más allá de documentar realidades, el ejercicio investigativo implica desmontar narrativas que reducen ciertas labores a la marginalidad, para, en su lugar, posicionarlas como eslabones fundamentales del entramado económico y social. La visibilización no es solo un acto de representación, sino un proceso de transformación que desafía los estigmas asociados a determinadas ocupaciones y reivindica su valor intrínseco. Al construir discursos que resaltan el aporte de estas actividades, sin caer en enfoques paternalistas o victimizantes, la investigación se convierte en una herramienta de restitución simbólica y política, abriendo caminos para el reconocimiento institucional y ciudadano.

La investigación revela que, si bien todas las personas entrevistadas iniciaron en el reciclaje de base debido a la falta de otras oportunidades laborales para sostener su economía personal y familiar, solo una minoría (12 %) cambiaría de actividad si tuviera la oportunidad. La razón es que consideran esta labor como digna, no solo porque contribuye a su economía familiar, sino también a la ciudad, la sociedad y el medio ambiente, sin perjudicar a nadie en el proceso. Sin embargo, uno de los principales problemas de la actividad estudiada es su invisibilización en la cotidianidad de las ciudades. La presencia de los trabajadores en las veredas se diluye en el paisaje urbano, al igual que el rol que desempeñan social, ambiental y económicamente. Esta invisibilización se extiende más allá de sus esferas barriales inmediatas, pasando desapercibida en muchos casos a nivel institucional, normativo e incluso contributivo. Como nos recuerda Soliz (2016)5, el reciclaje de base es tan invisible que ni siquiera es tomado en cuenta en el sistema tributario del país.

Otro factor a tener en cuenta es la desinformación generalizada, sostenida por narrativas románticas que se reproducen colectivamente y a través de los medios de comunicación en torno al reciclaje. Contrario a los imaginarios que apelan al cuidado y mantenimiento de los residuos como si existiera un vínculo afectivo con los mismos (Ureta, 2016)6, las recicladoras se preocupan por los materiales y su conservación en el marco de una economía de supervivencia y la facilitación de su posterior comercialización.

Con base en concepciones tecno-eficientistas que solo consideran los volúmenes materiales rescatados y los procesos tecnológicos (Ureta, 2016)6, se desconoce el rol que tienen los recicladores de base en la cadena de gestión de residuos. Al ser los únicos que recuperan el material reciclable de entre los desechos domésticos para que les sea devuelto a la industria como materia prima, se convierten en el primer y más descuidado eslabón de esta cadena.

A esto se suman fuertes estigmas sociales asociados a la actividad, debido a las connotaciones negativas de trabajar en contacto directo con la basura, que afecta a las recicladoras tanto en su entorno personal como en el barrial. En términos individuales, la labor influye directamente en la corporalidad de las recicladoras, pues el material reciclable suele encontrarse mezclado con restos de comida o expuesto a condiciones insalubres. En términos espaciales, la actividad también moldea su entorno inmediato, ya que requiere de amplios espacios de trabajo y almacenamiento, impactando la configuración de la vivienda y la dinámica barrial.

Ante esta realidad, toda acción implementada en el proyecto buscó contribuir a la dignificación de las recicladoras de base y, al mismo tiempo, visibilizar su rol como agentes sociales y barriales positivos. Para ello, el discurso público construido se centró en el trabajo mismo del reciclaje de base y no en las dificultades personales y familiares que enfrentan. En lugar de generar sensaciones que evocaran miseria, lástima o conmiseración, el enfoque se centró en resaltar los aportes sociales, económicos y ambientales del reciclaje de base, a partir de los discursos de quienes lo realizan, sin desconocer ni minimizar las condiciones precarias en que se lleva a cabo en las ciudades estudiadas.

Principio 3. Honestidad ante la producción de conocimiento

"La verdad científica no es un reflejo pasivo de la realidad, sino una construcción ética en la que se juega la responsabilidad del investigador".

Jürgen Habermas

Este principio exige un compromiso ético con las personas y comunidades involucradas, buscando que el proceso investigativo no reproduzca dinámicas extractivistas ni desigualdades de poder. Implica reconocer a las personas con las que se realiza la investigación como actores legítimos del conocimiento, respetando sus tiempos, expectativas y formas de saber, y garantizando mecanismos de devolución que reconozcan su participación. La transparencia en los métodos, la co-construcción de significados y el reconocimiento justo por el tiempo, trabajo y experiencia compartidos son prácticas fundamentales para mitigar la asimetría estructural entre investigadores y comunidades. De esta manera, la investigación deja de ser una apropiación unilateral de datos para convertirse en un proceso dialógico y transformador, en el que el conocimiento no solo se produce, sino que se comparte y redistribuye con quienes han permitido su generación.

Las actividades económicas realizadas a pie de vereda, como el reciclaje de base, han sido de interés permanente en la academia local, aunque no siempre con los mejores resultados. Así, las mujeres recicladoras manifestaron su desconfianza cuando se les planteó trabajar de forma conjunta. En las reuniones iniciales con las asociaciones de recicladores de base, indicaron que no querían trabajar con las universidades, ya que consideraban que la relación no era recíproca, y que los únicos beneficiarios eran los estudiantes, investigadores y académicos, tanto a nivel de producción académica como en lo económico. Con indignación y fastidio, expresaron que en experiencias pasadas no hubo devoluciones, agradecimientos ni entregas de resultados de ningún tipo.

La recuperación de la confianza estuvo marcada por una agenda de trabajo que tomó varios meses, prestando mucha atención al cumplimiento de avances y compromisos para que el recelo hacia la investigación disminuyera. Esto implicó tener especial cuidado en transparentar qué implicaba su participación, entender y gestionar las expectativas de cada actor hacia el trabajo a realizar, y traducirlo en productos concretos y útiles, que serían entregados en plazos acordados. Cada acción planteada estuvo vinculada a un compromiso de devolución, dinámica respetada desde el inicio del proyecto. La metodología utilizada permitió un trabajo colaborativo beneficioso. Sin embargo, no se logró superar completamente la jerarquía académica existente.

Con la investigación enfocada en aportar al bienestar de las recicladoras de base, nos propusimos percibir su cotidianidad, aprender de su experiencia y escuchar sus conocimientos, relatos y reparos durante el desarrollo del proyecto. Esto permitió que los productos e intervenciones planteados resultaran pertinentes y significativos para todos los actores, especialmente para las recicladoras. Al mismo tiempo, se alivió la percepción inicial que ellas tenían sobre la universidad: “¡¿Qué nos van a enseñar, si nosotras somos las que hacemos el reciclaje?!”.

En el mismo sentido, uno de los planteamientos iniciales del proyecto fue concebir a las personas con las que trabajamos como ‘co-investigadoras’, y aunque este espíritu acompañó todo el proyecto, el término mutó naturalmente a ‘colaboradoras’.

Desde que se ideó la metodología, había mucha expectativa sobre su rol y nivel de participación, al ser planteada desde estrategias alternativas de recolección de información hasta la escritura conjunta de artículos y producción académica. Sin embargo, estas intenciones también fueron percibidas como artificiales e incómodas en ciertos momentos. De manera conjunta, se fueron modificando los términos de su participación para que las sintieran oportunas, cómodas y útiles.

Considerarlas parte del equipo de trabajo implicó acciones prácticas, como remunerar el trabajo, el conocimiento y el tiempo dedicado al proyecto, recalcando siempre que no se trataba de una dádiva. Para cumplir este fin, se desarrolló una tabla de pagos que consideraba parámetros nacionales de remuneración, beneficios de ley, gastos de transporte y, en caso de jornadas extendidas, alimentación. Esta acción modificó la percepción sobre el tiempo aportado a la investigación, al mismo tiempo que buscó ser respetuosa con los conocimientos y experiencias de nuestras colaboradoras, tratando de no alterar las dinámicas del reciclaje de base, actividad especialmente marcada por ritmos estrictos, ordenados y planificados. 

1. Ministerio de Inclusión Económica y Social. (2023). Censo de Recicladores 2022. MIES.

2. Utrecht University. (s.f.). Barriers and challenges to effective transdisciplinary education. En Transdisciplinary Field Guide. https://www.uu.nl/en/research/transdisciplinary-field-guide/transdisciplinary-education/barriers-and-challenges

3. CLEAR. (2021). CLEAR Lab Book: A living manual of our values, guidelines, and protocols, V.03. Civic Laboratory for Environmental Action Research. https://doi.org/10.5281/zenodo.5450517

4. Tress, G., Tress, B., & Fry, G. (2005). Clarifying Integrative Research Concepts in Landscape Ecology. Landscape Ecol, 20, 479–493. https://doi.org/10.1007/s10980-004-3290-4

5. Soliz Torres, F. (2016). Salud colectiva y ecología política: la basura en Ecuador. UASB. http://hdl.handle.net/10644/6069

6. Ureta, S. (2016). Caring for waste: Handling tailings in a Chilean copper mine. Environment and Planning A: Economy and Space, 48(8), 1532-1548. https://doi.org/10.1177/0308518X16645103